Una metáfora sobre el software libre
5 Mayo, 2008 por admin
Hoy queremos repasar el concepto de software libre desde el punto de vista del usuario, dejando aparte las implicaciones de negocio que pueda tener el uso de software libre o propietario. Así, vamos a basar nuestra idea en una persona que entra a un supermercado para comprar un detergente, pero sin ánimo de comprar ninguno en concreto, sino que prefiere observar todo antes de decidirse.
Nada más llegar a la zona de los artículos de limpieza, una azafata de promociones le ofrece una muestra de un detergente. A primera vista, el detergente parece más que adecuado, y parece que el resto de personas están comprando esa marca, así que no debe ser malo. Pero como servicio al cliente, al fondo del pasillo hay una urna en la que se puede probar la efectividad de los detergentes. El hombre va hacia allí, echa la prueba en el agua junto con su gorra y comprueba que no es en absoluto efectivo, pero como ya ha echado su gorra a lavar, cree que tendrá que terminar de lavarse. De pronto, un chico entra en escena y repite la misma operación en una urna contigua y unos guantes, pero para sorpresa de nuestro protagonista, a la mitad del proceso indica a la azafata su intención de parar el proceso de lavado y que quiere probar otra marca, como ocurre al final.
El hombre de la gorra se pregunta si esa marca será efectiva, ya que el propietario de los guantes tarda alrededor de 10 minutos en saber cómo se utiliza correctamente el producto. Al tiempo, una señora se acerca por detrás del hombre que observa la escena y le dice “no sé cómo puede usar esa marca ¡con lo complicado que es de quitar el envoltorio!”. Aún luchando con el embalaje, el chico responde “créame, merece la pena”. Alrededor se oyen murmullos de más personas que critican la dificultad de abrir el embalaje y de lo fácil que resulta el que pertenece al primer detergente.
El chico casi ha terminado de lavar sus guantes, cuando indica a la chica que con un poco de bicarbonato podría ser mucho más efectivo. El hombre decide preguntar a la misma azafata sobre su detergente, pero ésta le indica que esa marca no facilita su composición y que no tiene derecho a añadir ningún otro que no esté autorizado por la compañía. El hombre se queda muy extrañado, pero ese sentimiento se acusa aún más cuando el chico de los guantes se decide por el detergente que utilizó y no paga por él, sino que coge libremente una caja y se marcha tranquilamente.
Al llegar a la caja, le indican que la muestra que utilizó debe abonarla, y decide llevarse también una caja del otro extraño detergente. Una vez fuera, vueleve a ver al chico, el cual se le acerca y le dice: “si quiere puedo ayudarle a abrir la caja o mejor, enseñarle cómo puede hacerlo de forma muy cómoda y rápida”. Ante la incredulidad del hombre, el chico sonríe y sentencia:
“Aunque me regalaran el detergente que probó, no lo querría ni loco. Cualquiera puede lavar la ropa, pero este detergente lo ha probado ya mucha gente y todos intentan que la próxima caja que se venda sea mejor que la anterior, y así es desde hace muchos años. Además, es gratis y lo mejor de todo es que lava mejor que las otras marcas. El único problema es su embalaje, pero estamos trabajando en un embalaje que resulte más efectivo incluso que el del detergente que usted probó”. Desde aquel día, el hombre siempre usó aquel detergente.





